Firmar como avalista de una hipoteca, un préstamo o un contrato puede parecer, en un principio, un gesto de apoyo o confianza. Pero cuando la persona principal deja de pagar, ese compromiso se convierte en una carga real. Y no siempre se es consciente de lo que implica… hasta que llegan los problemas.
En MGP Abogados atendemos con frecuencia a personas que avalaron “por ayudar” y que ahora están asumiendo consecuencias económicas serias. Si estás en esa situación o temes que pueda ocurrir, esto es lo que debes saber y lo que puedes hacer.
Qué supone ser avalista en un contrato
El avalista es quien garantiza el cumplimiento de una obligación ajena, normalmente de pago. Si la persona principal no paga, el avalista responde con su propio patrimonio, sin necesidad de que el acreedor agote antes todas las vías contra el deudor.
En otras palabras: si avalas a alguien y esa persona no paga, pueden exigirte a ti el total de la deuda, intereses incluidos. Es un compromiso serio y con muy poco margen para excusas, aunque tú no hayas recibido ni un euro del préstamo.
Reclamación directa al avalista: una realidad legal frecuente
En muchos contratos actuales, el aval es solidario, lo que significa que la entidad puede dirigirse directamente contra el avalista, sin necesidad de reclamar primero al titular. Esto ocurre, por ejemplo, en la mayoría de hipotecas avaladas por familiares.
En estos casos, si el deudor deja de pagar, el banco puede reclamar el total al avalista, embargar sus bienes, sus cuentas o incluso incluirle en ficheros de morosos. Y sí, aunque no vivas con la persona deudora, y aunque no tengas contacto alguno con la deuda más allá del aval.
Medidas legales cuando ya hay una reclamación en marcha
Si ya has recibido una notificación, una demanda o incluso un embargo, lo más importante es no quedarse paralizado y actuar cuanto antes. En estas situaciones, todavía puede haber margen para frenar el problema o, al menos, reducir su impacto. Dependiendo del caso, es posible negociar con la entidad una reestructuración de la deuda que permita ganar tiempo y pactar unas condiciones más asumibles. También conviene revisar con detalle el contrato que se firmó, ya que en algunos casos el aval incluye cláusulas abusivas que pueden impugnarse legalmente.
Otra vía a valorar es reclamar al deudor principal las cantidades que hayas tenido que asumir como avalista, aunque esta opción dependerá de la solvencia real de esa persona. Y cuando la deuda ha generado un perjuicio económico importante y se acumula con otras obligaciones, puede ser necesario estudiar soluciones más amplias, como la vía concursal o la aplicación de la Ley de Segunda Oportunidad.
Cada situación es distinta y requiere un análisis específico, pero hay algo claro: cuanto antes se actúe, más posibilidades existen de defenderse y evitar que el problema siga creciendo.
¿Se puede revocar un aval?
En general, no es posible revocar un aval unilateralmente si ya está firmado. Lo que sí se puede hacer, en determinados contratos (por ejemplo, de alquiler), es intentar negociar con la parte acreedora para poner fin a esa obligación, especialmente si la relación principal se ha extinguido o si hay otros avales alternativos.
En hipotecas y préstamos bancarios, la posibilidad de salir del aval es muy reducida salvo que se renegocie con el banco, lo que suele requerir el consentimiento del titular del préstamo o nuevas garantías.
Firmar por ayudar no debería arruinarte
Muchas personas avalaron a sus hijos, hermanos o amigos sin pensar que algo podía salir mal. Pero la realidad es que los impagos ajenos pueden acabar afectando a tus ahorros, tu vivienda o tu futuro financiero.
Asumir un aval sin valorar las consecuencias puede salir muy caro. Por eso, si estás a tiempo, infórmate antes de firmar. Y si ya lo hiciste, pero ahora estás pagando por los errores de otros, no te resignes: en muchos casos, hay margen legal para actuar.
